¿Por qué no existe un registro mundial único de brotes alimentarios?
Muchos sistemas, diferentes datos y una misma dificultad: saber exactamente cuántos brotes ocurren
Información de actualización
Información revisada actualizada al 9 de septiembre de 2026.
La información relacionada con brotes, alertas, retiros e investigaciones puede cambiar conforme las autoridades reciben, verifican y publican nuevos datos. En los artículos de actualidad de esta serie.
En las dos primeras entregas de Inocuidad Alimentaria Bajo la Lupa seguimos el recorrido de un brote de enfermedad transmitida por alimentos. Primero vimos cómo puede detectarse a partir de casos, resultados de laboratorio y patrones epidemiológicos. Después conocimos a las personas e instituciones que participan en su vigilancia: servicios de salud, laboratorios, epidemiólogos, autoridades de inocuidad, autoridades sanitarias y redes internacionales.
Todo esto nos lleva a una pregunta que parece sencilla: si tantos países recopilan información sobre enfermedades transmitidas por alimentos y existen redes para compartirla, ¿por qué no podemos consultar un registro mundial que nos diga cuántos brotes alimentarios ocurrieron durante un año?
La respuesta tiene que ver con algo más complejo que la falta de una plataforma tecnológica. Los países no detectan, investigan ni notifican los brotes exactamente de la misma manera. Tampoco tienen las mismas capacidades de diagnóstico, los mismos recursos o los mismos criterios para recopilar y clasificar la información.
Además, existe un problema todavía más básico: una parte de las enfermedades que realmente ocurren nunca llega a convertirse en un dato dentro de un sistema de vigilancia.
Por eso, cuando encontramos una cifra mundial sobre enfermedades transmitidas por alimentos, necesitamos preguntarnos qué representa exactamente: ¿son casos diagnosticados?, ¿brotes notificados?, ¿personas enfermas estimadas?, ¿eventos investigados?, ¿o una combinación de diferentes fuentes?
La diferencia puede cambiar completamente la interpretación.
El problema comienza antes de contar
Para construir un registro mundial de brotes tendríamos que saber primero qué estamos contando.
Un brote suele implicar que dos o más personas presentan una enfermedad similar después de una exposición común. Pero detectar a esas personas no significa necesariamente identificar el brote, y detectar el brote tampoco significa necesariamente encontrar el alimento responsable.
Imaginemos que varias personas presentan diarrea y vómito después de comer fuera de casa. Algunas acudirán al médico; otras se recuperarán en casa. De quienes busquen atención, algunas podrán hacerse una prueba de laboratorio y otras no. Incluso cuando se identifica el microorganismo, todavía será necesario determinar si los casos están relacionados y si comparten una exposición.
Podemos pensar entonces en una especie de recorrido:
personas enfermas → personas que buscan atención → casos detectados → casos diagnosticados → casos relacionados → brote identificado → fuente identificada
Cada paso puede reducir la cantidad de información que finalmente queda registrada.
La OMS reconoce precisamente esta dificultad. Sus estimaciones mundiales de 2026 señalan que conocer la carga de las enfermedades transmitidas por alimentos es complicado por la diversidad de enfermedades, el escaso nivel de notificación y la dificultad para establecer una relación directa entre la contaminación de un alimento y la enfermedad o muerte resultante.
No todos los países pueden ver el mismo panorama
La segunda dificultad es que la capacidad de vigilancia no es igual en todos los lugares.
Un sistema de vigilancia necesita personal, laboratorios, métodos de diagnóstico, sistemas de información, mecanismos de notificación y recursos para investigar los eventos detectados. También necesita que las diferentes instituciones puedan comunicarse entre sí.
La OMS explica actualmente que una vigilancia alimentaria sólida combina diferentes componentes: vigilancia basada en eventos, vigilancia basada en indicadores, colaboración entre sectores y estudios específicos que permitan llenar vacíos de información. La organización también reconoce que las capacidades de vigilancia de enfermedades transmitidas por alimentos siguen siendo limitadas a escala mundial.
Esto tiene una consecuencia importante: dos países pueden tener cantidades muy diferentes de brotes registrados sin que eso signifique necesariamente que uno tenga más enfermedades que el otro.
Una parte de la diferencia puede deberse a qué tan bien se detectan, diagnostican, investigan y notifican los eventos.
Y esto ocurre incluso dentro de un mismo país.
Un ejemplo: Estados Unidos
Estados Unidos cuenta con el National Outbreak Reporting System (NORS), un sistema utilizado por los departamentos de salud estatales, locales y territoriales para reportar a los CDC diferentes tipos de brotes, incluidos los de enfermedades transmitidas por alimentos. Los datos permiten analizar microorganismos, alimentos implicados, lugares, número de personas afectadas y otros factores.
Pero NORS tampoco es un contador perfecto de todos los brotes que ocurren en Estados Unidos.
Los propios CDC advierten que la notificación de brotes es voluntaria y que probablemente exista subregistro. Además, los datos pueden modificarse cuando aparecen nuevos resultados, y los registros finales pueden tardar entre 12 y 18 meses después del cierre de un año de reporte.
Esto es importante porque demuestra que incluso uno de los sistemas nacionales más desarrollados tiene límites.
Y si existen dificultades para obtener una imagen completa dentro de un país, intentar juntar todos los datos de todos los países introduce todavía más desafíos.
Los datos no siempre tienen el mismo formato
Supongamos que dos países investigan brotes de Salmonella.
El país A registra:
- fecha del brote,
- número de casos,
- alimento sospechoso,
- microorganismo,
- lugar de exposición.
El país B registra además:
- hospitalizaciones,
- edad de las personas afectadas,
- resultados de secuenciación genómica,
- lote del producto,
- proveedor,
- distribución geográfica,
- resultados de inspecciones.
Ambos tienen información valiosa, pero no están describiendo el evento con el mismo nivel de detalle.
Para combinar sus datos se necesitan definiciones y formatos compatibles.
Esto es precisamente lo que ocurre en la Unión Europea. EFSA establece formatos predefinidos para recibir información de los Estados miembros y hacer que los datos sean comparables y adecuados para sus evaluaciones. Entre las áreas recopiladas se encuentran las zoonosis, los brotes alimentarios, la secuenciación del genoma completo y la resistencia antimicrobiana.
Es decir, antes de crear una gran base de datos internacional no basta con preguntar:
“¿Cuántos brotes tuvieron?”
También habría que preguntar:
“¿Qué consideraron un brote?”
“¿Cómo lo detectaron?”
“¿Qué información recopilaron?”
“¿Qué método utilizaron para confirmarlo?”
“¿Cuándo cerraron la investigación?”
“¿Qué datos pueden compararse con los de otros países?”
La estandarización es una parte fundamental del problema.
Un brote tampoco es un dato estático
Existe otra dificultad que suele pasar desapercibida: las investigaciones cambian.
Un evento puede comenzar como un grupo de casos sin una fuente conocida. Después puede aparecer un resultado de laboratorio que conecte a los pacientes. Posteriormente, una entrevista epidemiológica puede identificar un alimento común. Finalmente, la trazabilidad puede revelar que ese alimento fue producido por una determinada empresa y distribuido en varios lugares.
Pero también puede ocurrir lo contrario.
Una hipótesis inicial puede descartarse. Un alimento que parecía sospechoso puede dejar de considerarse la fuente. Un laboratorio puede reclasificar un microorganismo. O pueden aparecer nuevos casos que cambien la interpretación del evento.
Los CDC describen NORS como un sistema dinámico: los registros pueden modificarse incluso después de haber sido cerrados cuando existe nueva información.
Por eso, un registro de brotes no funciona necesariamente como una lista definitiva que simplemente aumenta de uno en uno.
Es más parecido a una base de conocimiento que se construye y se corrige conforme avanza la investigación.
Entonces, ¿la OMS no tiene los datos?
Sí tiene una enorme cantidad de información. Lo que no tiene es un contador mundial único de cada brote alimentario ocurrido en cada país.
La OMS trabaja con los países para fortalecer sus sistemas nacionales y ha actualizado durante 2025–2026 todo un conjunto de manuales sobre vigilancia y respuesta frente a enfermedades transmitidas por alimentos.
El nuevo marco contempla desde la detección de eventos y la investigación de brotes hasta la integración de datos provenientes de diferentes sectores de la cadena alimentaria.
Además, en abril de 2026 la OMS publicó un análisis económico sobre la vigilancia de enfermedades transmitidas por alimentos que destaca la necesidad de fortalecer la detección, notificación, capacidad de laboratorio, gestión de datos y coordinación. El informe señala que las capacidades de vigilancia siguen siendo limitadas especialmente en países con sistemas de inocuidad menos desarrollados.
La dirección es clara: fortalecer los sistemas y conectarlos mejor.
No necesariamente sustituirlos por una única base de datos mundial.
¿Y qué papel tiene INFOSAN?
Aquí es importante recuperar algo que vimos en la segunda entrega.
La Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos (INFOSAN) permite que las autoridades nacionales intercambien rápidamente información cuando un incidente relacionado con alimentos puede tener implicaciones internacionales.
INFOSAN existe desde 2004 y funciona como una red mundial impulsada por sus miembros. Entre sus funciones se encuentra facilitar el intercambio de información durante eventos de inocuidad alimentaria y apoyar la coordinación cuando un problema puede cruzar fronteras.
Pero hay una diferencia fundamental:
INFOSAN comparte información sobre eventos relevantes; no es un censo mundial de todos los brotes alimentarios.
Esta distinción es importante porque un sistema de comunicación internacional y un registro estadístico mundial tienen objetivos diferentes.
Uno busca ayudar a actuar ante un riesgo.
El otro tendría que permitir contabilizar y comparar todos los eventos.
Entonces, ¿de dónde salen las cifras mundiales?
Aquí encontramos una de las confusiones más frecuentes.
La OMS sí publica estimaciones mundiales de la carga de las enfermedades transmitidas por alimentos.
En junio de 2026 publicó una nueva edición de sus estimaciones para el periodo 2000–2021. De acuerdo con esta actualización, en 2021 se produjeron aproximadamente 866 millones de casos de enfermedades transmitidas por alimentos y 1.52 millones de muertes a nivel mundial. Las estimaciones abarcan 42 peligros, entre ellos bacterias, virus, parásitos y sustancias químicas.
Pero aquí hay que detenernos.
866 millones de casos no significa que alguien haya contado 866 millones de casos individualmente en una base de datos mundial.
Es una estimación de carga de enfermedad.
La OMS combina diferentes fuentes y métodos epidemiológicos para aproximarse a la magnitud real del problema, incluyendo aquellos casos que probablemente nunca fueron detectados o registrados.
Por eso:
866 millones de casos estimados ≠ 866 millones de casos registrados en brotes.
Son dos preguntas diferentes.
¿Por qué no basta con crear una enorme base de datos mundial?
Podría parecer que la solución sería simplemente crear una plataforma internacional y pedirle a todos los países que introduzcan sus brotes.
Pero la tecnología resolvería solamente una parte del problema.
Primero habría que acordar qué información debe incluirse y cómo debe definirse cada variable. Después habría que garantizar que los países tengan capacidad para generar esos datos. También habría que establecer mecanismos de validación, actualización, corrección y protección de información.
La experiencia de NORS es ilustrativa: incluso dentro de un sistema nacional existen diferencias históricas en los formatos utilizados y no toda la información se ha recopilado de manera consistente a lo largo del tiempo. Los CDC recomiendan precaución al combinar datos de diferentes periodos y sistemas.
Por eso, el desafío no es simplemente:
“poner todos los datos en una página web”.
Es conseguir que esos datos sean comparables, confiables, oportunos y suficientemente completos.
La tendencia actual: conectar sistemas
La vigilancia internacional está avanzando hacia una mayor integración de información.
Los manuales actualizados de la OMS plantean precisamente la integración de datos procedentes de diferentes sectores de la cadena alimentaria, incluyendo información sobre salud humana, alimentos, ambiente y otros factores relevantes para evaluar riesgos.
Esto significa que el futuro de la vigilancia no necesariamente consiste en una gigantesca base de datos que sustituya todos los sistemas nacionales.
Puede parecerse más a una red de sistemas capaces de comunicarse entre sí.
Un país mantiene su sistema nacional.
Una región mantiene sus mecanismos de vigilancia.
Los laboratorios generan sus propios datos.
Las autoridades alimentarias recopilan información sobre productos y cadenas de suministro.
Y las redes internacionales permiten que determinadas señales puedan viajar de un sistema a otro.
¿Y qué significa esto para la industria alimentaria?
Esta discusión puede parecer lejana a una empresa que produce, almacena, distribuye o comercializa alimentos.
En realidad, ocurre lo contrario.
La información que permite reconstruir un brote también puede generarse dentro de una empresa: registros de producción, lotes, proveedores, resultados de análisis, temperaturas, fechas, distribución y trazabilidad.
Una investigación puede comenzar en un hospital y terminar buscando información dentro de una cadena de suministro.
También puede ocurrir al revés: un resultado obtenido durante un muestreo de alimentos puede convertirse en una señal que lleve a buscar personas enfermas.
Por eso, la vigilancia alimentaria no solamente depende de los sistemas de salud pública. También depende de la calidad de la información que existe a lo largo de la cadena alimentaria.
La OMS plantea actualmente la vigilancia integrada como una forma de combinar información procedente de diferentes sectores para comprender mejor los riesgos, orientar medidas de control y apoyar la toma de decisiones.
En la práctica, esto significa que una empresa con buenos registros y sistemas de trazabilidad puede responder mucho mejor cuando una autoridad necesita reconstruir qué ocurrió.
Entonces, ¿por qué no existe un registro mundial único?
Porque el problema no es solamente que falte una plataforma.
Los brotes se detectan mediante sistemas diferentes, con capacidades diferentes y con distintos niveles de información. Algunos casos nunca llegan a diagnosticarse; otros se diagnostican pero no pueden relacionarse con un brote; algunos brotes se investigan pero no se identifica su fuente; y los datos pueden cambiar conforme avanza una investigación.
Al mismo tiempo, organizaciones como la OMS, FAO, OPS, EFSA, ECDC, CDC e INFOSAN trabajan para fortalecer la vigilancia, estandarizar información y facilitar la cooperación.
Por eso, las cifras mundiales que encontramos no necesariamente responden a la pregunta “¿cuántos brotes hubo?”.
Pueden responder a preguntas diferentes:
¿Cuántas personas enfermaron?
¿Cuántas muertes ocurrieron?
¿Cuántos brotes fueron identificados?
¿Cuántos eventos fueron notificados?
¿Qué microorganismos fueron detectados?
¿Qué alimentos estuvieron implicados?
Cada pregunta necesita datos diferentes.
Y esto nos lleva directamente a la siguiente pregunta de nuestra serie:
Si los brotes parecen estar aumentando, ¿realmente están aumentando?
¿O simplemente contamos con mejores herramientas para encontrarlos?
Esa será la pregunta de la cuarta entrega de Inocuidad Alimentaria Bajo la Lupa.
📊 ¿Quieres explorar datos reales de brotes?
Los CDC ponen a disposición del público el BEAM Dashboard, una plataforma interactiva que integra información de diferentes sistemas de vigilancia, incluido el National Outbreak Reporting System (NORS). Permite consultar y visualizar datos sobre enfermedades entéricas, brotes transmitidos por alimentos y agua, entre otros conjuntos de información.
Consulta:
BEAM Dashboard — CDC
🌎 ¿Cuántas enfermedades transmitidas por alimentos ocurren en el mundo?
La OMS publicó en junio de 2026 su nueva edición de las Estimaciones de la carga mundial de las enfermedades transmitidas por los alimentos 2000–2021.
La actualización contempla 42 peligros y ofrece estimaciones para 194 países. Para 2021 estima aproximadamente 866 millones de casos y 1.52 millones de muertes relacionadas con alimentos insalubres.
Consulta los datos:
WHO Foodborne Disease Estimates 2026
🧫 ¿Cómo se construye una vigilancia alimentaria más completa?
La OMS publicó en diciembre de 2025 una actualización de sus manuales para fortalecer la vigilancia y respuesta ante enfermedades transmitidas por alimentos. El Stage 3 aborda específicamente la integración de datos procedentes de diferentes sectores a lo largo de la cadena alimentaria.
Consulta el manual:
OMS — Stage 3: Integrating surveillance data
🌐 ¿Cómo se comparten internacionalmente las alertas?
INFOSAN, la Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos de FAO/OMS, facilita el intercambio rápido de información entre autoridades cuando un evento de inocuidad alimentaria puede tener importancia internacional. La red fue creada en 2004 y ha participado en el intercambio de información durante cientos de eventos de inocuidad alimentaria.
Conoce la red:
FAO/WHO INFOSAN
🎬 Para entenderlo desde otra perspectiva
Si quieres acercarte al tema desde una perspectiva menos técnica, puedes ver Pandemic: How to Prevent an Outbreak, una serie documental de Netflix que muestra el trabajo de científicos, profesionales de la salud y equipos que investigan y responden ante enfermedades infecciosas.
Ver en Netflix:
Pandemic: How to Prevent an Outbreak — Netflix
CDC: Siglas en inglés de Centers for Disease Control and Prevention (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades). Es la principal agencia federal de salud pública de Estados Unidos.
ECDC: European Centre for Disease Prevention and Control o Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades. Agencia de la Unión Europea dedicada a la vigilancia y respuesta frente a enfermedades infecciosas.
EFSA: European Food Safety Authority o Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Agencia de la Unión Europea que proporciona asesoramiento científico sobre riesgos relacionados con los alimentos y analiza información procedente de los Estados miembros.
FAO: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Trabaja en temas relacionados con alimentación, agricultura, sistemas alimentarios y seguridad alimentaria.
FERG: Foodborne Disease Burden Epidemiology Reference Group. Grupo de expertos de la OMS que contribuye al desarrollo de estimaciones sobre la carga mundial de las enfermedades transmitidas por alimentos.
INFOSAN: Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos. Red coordinada por la FAO y la OMS para facilitar el intercambio internacional de información durante eventos de inocuidad alimentaria.
Interoperabilidad: Capacidad de diferentes sistemas de información para intercambiar datos y utilizarlos de manera compatible.
NORS: National Outbreak Reporting System. Sistema estadounidense utilizado para recopilar información sobre determinados brotes de enfermedades, incluidos los transmitidos por alimentos y agua.
OPS: Organización Panamericana de la Salud. Organismo internacional especializado en salud pública que trabaja con los países de América y funciona como oficina regional de la OMS.
RSI: Reglamento Sanitario Internacional. Marco jurídico internacional de la OMS que establece obligaciones para que los países puedan detectar, evaluar, notificar y responder ante determinados eventos que pueden representar una amenaza internacional para la salud pública.
Subregistro: Situación en la que los eventos que realmente ocurren son más numerosos que los que llegan a registrarse oficialmente.
Carga de enfermedad: Medida utilizada para describir el impacto que una enfermedad tiene sobre una población. Puede incluir casos, muertes y otras consecuencias sobre la salud.
Estimación epidemiológica: Cálculo realizado mediante métodos epidemiológicos y estadísticos para aproximarse a una cantidad que no puede observarse o contabilizarse directamente.
Interoperabilidad de datos: Capacidad de diferentes sistemas para intercambiar información de manera que los datos puedan entenderse y utilizarse correctamente entre ellos.
Notificación: Comunicación formal de un caso, brote o evento de interés a una autoridad o sistema de vigilancia.
Vigilancia epidemiológica: Proceso sistemático de recopilación, análisis e interpretación de información sobre enfermedades para detectar patrones, cambios y riesgos.
Vigilancia basada en eventos: Sistema que busca identificar señales o acontecimientos inusuales que podrían representar una amenaza para la salud pública.
Vigilancia basada en indicadores: Vigilancia que utiliza datos recopilados de manera sistemática, como notificaciones y resultados de laboratorio, para detectar tendencias y cambios.
Vigilancia integrada: Enfoque que combina información de diferentes sectores y fuentes para comprender mejor los riesgos y orientar las decisiones de control.
BEAM Dashboard: Herramienta de los CDC para explorar datos relacionados con enfermedades bacterianas, entéricas, amebianas y micóticas, incluidos datos procedentes de NORS.
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