Los alimentos seleccionados para su
conservación en bandeja son productos frescos y recién cortados o
procesados a los que, normalmente, ya se ha desprovisto de las posibles
partes no comestibles. Este tipo de alimentos se reponen diariamente en
los puntos de venta para garantizar su máxima frescura. Adquirirlos así
resulta más cómodo porque no hay que esperar turnos y se ahorra tiempo
en la compra. Pero, además, el alimento envasado en bandeja tiene otras
ventajas, algunas de ellas tan importantes para el consumidor como que
se trata de un producto sanitariamente más seguro. Tanto el tipo de
embalaje como la atmósfera con la que se envasa están diseñados para
que se mantenga fresco y en óptimas condiciones durante más tiempo, por
lo que podremos realizar nuestras compras de alimentos frescos más
distanciadas en el tiempo, algo muy valorado en la sociedad en la que
vivimos.
Atmósfera y temperatura protectora
Tanto los materiales utilizados en el embalaje como la atmósfera y temperatura en la
que se encuentran protegen el producto y alargan su conservación. Sin
embargo, este tipo de envase debe combinarse en la mayoría de los casos
con una conservación a bajas temperaturas . Aparte de favorecer su
mantenimiento, todos los materiales en contacto con los alimentos deben
ser lo suficientemente inertes para evitar que se transfieran a estos
sustancias potencialmente peligrosas para la salud o para ocasionar una
modificación inaceptable de la composición de los productos
alimenticios o una alteración de las características organolépticas. La
normativa es muy estricta y está sometida continuamente a revisión y
actualización.
El alimento está envasado en una atmósfera protectora, es decir, el
"aire" que está en contacto con el alimento está controlado con el fin
de mejorar sus condiciones de conservación. El oxígeno del aire oxida y
estropea los alimentos, por lo que en este tipo de presentación este
gas está reducido. En el caso de la carne, por ejemplo, hace que
podamos mantenerla en condiciones óptimas para su consumo hasta cuatro
días más de lo habitual. En otras ocasiones el embandejado se realiza
al vacío.
Este tipo de envasado hermético también evita la pérdida de agua y
líquidos exudados que provocan que el producto pierda calidad
organoléptica. Estas condiciones óptimas de conservación alargan la
vida útil del alimento.
Alta calidad
Pero quizás el punto fuerte de este tipo de alimentos sea su alta
calidad higiénicosanitaria, consecuencia directa del cuidado proceso al
que se someten para ser suministrados en bandeja. Se realiza en las
llamadas "salas blancas", unos espacios protegidos sanitariamente en
los que se extreman las medidas de seguridad alimentaria. Tanto la
estructura como los materiales, la maquinaria y otros elementos que
forman parte de las salas blancas están pensados y diseñados para
minimizar el riesgo de contaminación del producto. Además, el personal
manipulador está especialmente cualificado para llevar a cabo esta
tarea. En algunos casos es tal el nivel de automatización del proceso
que el trabajo del personal se reduce a la mera, pero imprescindible,
supervisión.
Manipulación doméstica
En nuestro hogar, los alimentos envasados en bandejas resultan muy
higiénicos ya que este tipo de embalaje evita posibles goteos u otro
tipo de contaminaciones cruzadas en la nevera, entre alimentos crudos y
ya cocinados, por lo que resultan más higiénicos a la hora de
conservarlos. El hecho de estar así envasados, también impide que el
alimento absorba o desprenda olores. Asimismo, elimina manipulaciones
previas a su uso, cosa que ocurre en alimentos frescos sin envasar que
se colocan en recipientes (por ejemplo, de cierre hermético) para
introducirlos en la nevera.
Los alimentos que se venden en bandejas se pueden congelar directamente
ya que estos recipientes son aptos para la congelación. De esta forma,
y al sufrir menos manipulaciones, se minimiza el riesgo de
contaminación del producto y, por lo tanto, de toxiinfección
alimentaria. Simplemente deberemos seguir las pautas establecidas para
una correcta congelación de alimentos: una congelación rápida, mantener
el producto a una temperatura por debajo de 18º C bajo cero sin romper
la cadena de frío y una descongelación a temperatura controlada en el
frigorífico.
Como el alimento está ya etiquetado cuenta con la ventaja de tener toda
la información necesaria: tipo de alimento, peso y otros datos sobre el
producto. Aunque la fecha de caducidad del alimento indicada en la
etiqueta quedaría invalidada si se introduce en el congelador, nos
servirá para orientarnos sobre la fecha de congelación y calcular así
su nueva vida útil. Un consejo: si se va a congelar el alimento en
bandeja no es conveniente esperar al último momento, al límite de la
fecha de caducidad, sino hacerlo cuanto antes, ya que soportará mejor
este tipo de proceso (congelación-conservación-descongelación ).
PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LOS ENVASES
Los alimentos han sido envasados de muy diversas maneras desde hace
miles de años. El envasado, además de ayudar a guardar o transportar
los alimentos, los preservaba y los protegía de agentes ambientales
dañinos como el agua, el aire o la luz. En nuestra sociedad, el papel
del envase es esencial para la comercialización de cualquier producto.
Los primeros envases de alimentos eran esencialmente rígidos (barriles,
frascos, latas...) y se fabricaban básicamente utilizando metales como
el acero y el vidrio. Más tarde se introdujeron los plásticos y
materiales flexibles. Algunos envases incorporan materiales o sistemas
activos de control de parámetros tales como humedad, contenidos de
gases o sustancias bacteriostáticas que impiden el crecimiento de
microorganismos.
En la actualidad, disponemos de una amplia gama de envases y embalajes
de muy distintos materiales y características para satisfacer la
demanda de la gran cantidad de productos alimentarios. Debido a esta
enorme variedad de productos no es posible el uso de un envase ideal
que sea válido para todos ellos y, por tanto, es necesario seleccionar
para cada uso el envase y tecnología más adecuados en función de
distintos parámetros, como son las características del producto, forma
de transporte y distribución comercial, vida útil esperada, costos,
posibilidad de reutilización o reciclado de los materiales o
compatibilidad con el medio ambiente. En el futuro conoceremos los
envases inteligentes, capaces de evaluar y transmitirnos en todo
momento la calidad organoléptica y sanitaria del alimento durante su
conservación a través de sensores diseñados para ese fin.
SALAS LIMPIAS
Las salas blancas, salas limpias o "clean rooms" son espacios
especialmente diseñados para registrar niveles muy bajos de
contaminación. En estas salas los parámetros ambientales están
estrictamente controlados: temperatura , humedad, flujo de aire y
partículas en suspensión, presión interior del aire e iluminación, así
como unos niveles muy estrictos de limpieza y desinfección. La
tecnología de las salas blancas se usa sobre todo en la industria de
microelectrónica (semiconductores y microsistemas), industria sanitaria
(farmacéutica, hospitales, laboratorios), industria aeroespacial e
industria alimentaria. El personal que trabaja dentro de una sala
blanca, además de someterse a un entrenamiento especial, debe usar ropa
y equipamiento específicos para proteger los elementos que allí se
manipulan y, en algunos casos, protegerse a sí mismo.
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